Una de las competencias que más devaluamos a la hora de elegir nuevo supervisor de equipo, se llama: Motivación.

La motivación entendamos, es la capacidad interna de las personas para poder animarse y avanzar a pesar de todo el entorno. No solo tenemos que hablar de la motivación del equipo de trabajo, sino también la automotivación concepto que aún es más difícil desarrollar pues depende del coraje de cada persona para seguir adelante sin otro tipo de estímulo.

Durante nuestros años de trabajo en la industria mexicana, nos hemos dado cuenta que de las cosas que menos se tienen en cuenta es justamente la motivación del talento, en el 80% de la industria del país empezamos a ver a las personas como un número: cuánto facturaste este mes, cuántas unidades vendiste, cuántas piezas terminaste, cuánto dinero ahorraste a la empresa, cuántos nuevos prospectos generaste, cuánto desperdicio redujiste… todo se basa en el alcance de los objetivos, en alcanzar el número; si no lo alcanzas, no eres efectivo, no eres eficiente, por tanto, no eres un elemento que genera valor a la compañía por lo cual se prescinde de tus servicios.

Ese es el deprimente ciclo de vida de una persona en la industria, nos olvidamos de la «persona», del ser humano, del padre, madre, del hijo, del estudiante, de las necesidades, de las urgencias, de los sueños, de los éxitos y de los fracasos y todo se resume a un frío y calculador número. Y estoy de acuerdo, una persona que no está aportando ningún valor a la compañía resulta más un gasto que una inversión, si la comparación cabe. Sin embargo, no podemos tasar la actitud y el desempeño de las personas por un simple número.

Hace unos meses desarrollamos un proyecto para incrementar las ventas para una empresa con presencia nacional, que a la vez, le afectaban muchas cosas que iban más allá de su control pues dependían de la casa matriz del otro lado del mundo. En este equipo de guerreros, se encontraba un supervisor que tenía un grupo de personas de actitud memorable, nada se les complicaba, a todo le encontraban solución, pero, las ventas no se estaban dando.

Pasaba un mes, dos, tres, cuatro y los números en rojo, por lo que el gerente estaba por cortar cabezas, para esta persona los números eran lo más importante y tal cual, era un capataz como motivador: el pie siempre en el cuello. En una reunión le dijimos ante la idea de recorte del personal «De acuerdo, pero ¿ya observaste la cantidad de proyectos que traen que no es venta de una unidad sino de miles de cajas que te representan millones de pesos?, no puedes solo enfocarte en lo que se ha vendido, necesitas entender el trabajo de toda la gente y cual es el objetivo que están persiguiendo, de lo contrario, un equipo bien motivado, de inmediato, se desmoralizará».

La premisa en los negocios es clara: necesitamos llegar a los objetivos, si, pero también importan las formas. Este equipo de trabajo al cabo de dos semanas empezaron a cerrar sus negociaciones, se convirtieron en el equipo #1 en ventas y llevaron a la división de México a convertirse en la #2 a nivel mundial.

¿Cuál fue la gran diferencia?: La motivación del supervisor.

En ocasiones, nos cegamos justamente por alcanzar los objetivos y los supervisores sienten la presión de los superiores para llegar a ellos, misma presión que transmiten al equipo. En el caso anterior, esta persona supo blindar a su equipo y evitar transmitirle esa presión pues como buen supervisor que era capaz de contemplar toda la fotografía, sabía, que el romper el cascarón era cuestión de días, pero las negociaciones que tenía su gente no eran sencillas de obtener.

Sin embargo, usted cree, que (por llamarle con algún nombre) Juan, no regresaba todos los días a sus casa frustrado, decepcionado, y ante todo, presionado porque su trabajo estaba en juego, tenía 4 dependientes económicos directos, colegiaturas, hipoteca, auto que pagar y un sin fin de etcéteras. ¡Obviamente, el tipo era un manojo de nervios!, pero cuando hablabas con el, ecuánime, tranquilo, pero ante todo, motivado de alcanzar los objetivos, no hoy, no mañana, pero el esfuerzo siempre será bien recompensado, todo era cuestión de trabajar.

Recuerdo con gran afecto a Juan, pues era una persona implacable, cordial, amistoso, pero ante todo, se desgarraba las vestiduras por su equipo, porque el sabía que necesitaba de ellos para alcanzar las metas y ellos necesitaban de él para tener la tranquilidad y herramientas necesarias para alcanzarlas. ¿Hubo días malos? Muchos, cada quince días querían tirar la toalla, pero en una conversación con Juan le decía que todo tiene su precio y hasta los más grandes pasaron por ello, si desaprovechaba la oportunidad que se le está presentando porque le tiemblan las piernas, sería uno más del montón y es probable que este podría ser el inicio de su gran legado.

Juan comprendió que la motivación no es darse la palmadita de ánimo, ni repetir a sus adentro que todo estará bien, la motivación va más allá:

  1. ¿Qué te motiva? -Mi familia- Oooooobvio que te motiva tu familia a menos que la odies, pero ¿qué motiva a la persona, al hombre o mujer que lee que tiene sueños y aspiraciones, virtudes y defectos? no a la mamá, papá, hijo, al gerente, supervisor, etc, esas son las etiquetas que nos ponemos.
  2. ¿Qué es lo que te detiene? Ahora bien, ya sabes que te motiva, esa llama que quema y que te hace levantar con ánimo todos los días a las 5 am, ahora debes encontrar ¿cuáles son tus limitantes o barreras?, ¿qué necesitas aprender o desarrollar?, ¿qué apoyo necesitas?, ¿qué herramientas?.
  3. Manos a la obra: Y no se trata de un simple deseo, se trata de en este momento tomar acción, no el próximo lunes, no el próximo mes, no después de tu cumpleaños… AHORA.

Estos son los 3 primeros pasos para la automotivación y motivación de equipo, todo supervisor de alto rendimiento debería de tener bien trabajado este punto pues de ello depende en buena medida el alcance de sus objetivos. De lo contrario, vemos en un recorrido por la industria en la que encontramos gente trabajando como robots, sin sentido de pertenencia, en trabajos de «por mientras», sin ánimos, caras grises en uniformes grises, en empresas grises, en vidas grises… ¿En serio?, ¿están dispuestos a seguir con esas vidas a medias?.

Y usted estimado lector, piense en usted o en sus supervisores ¿están motivados, realmente tiene esa llama que le quema por dentro para hacer las cosas en su vida y en su trabajo?. Si la respuesta es no, se ha vuelto un muerto en vida, cuando guste podemos platicar. ¡Abusados!

Rock´n roll, people!