Recientemente tuve la oportunidad de impartir nuestro «Formación de instructores» en Monterrey, para un grupo de ingenieros de uno de los centros de investigación y desarrollo de mayor renombre en el país. Fue una experiencia sumamente grata, para mí, el aportar un granito de arena en la educación y el crecimiento que directa o indirectamente impactan a la sociedad, es un gran orgullo y honor.

El caso es que en este curso tenía gente de muy alta academia, la mayoría contaba con doctorados o maestrías que considero no cualquier persona está dispuesta a estudiar por lo árido del contenido curricular; así es como tuve frente a mí un grupo de 15 eminentes cerebros y destacada trayectoria profesional listos para mejorar sus habilidades como capacitadores.

Durante 30 hrs. estuvimos compartiendo metodologías, técnicas, estrategias y tácticas para mejorar la capacitación del personal, al final del curso, siempre busco hacer evaluación práctica en la cual, los «nuevos» instructores desarrollen un entrenamiento con toda la cuadratura y metodología que a lo largo de los días anteriores se estudiaron. Para mi sorpresa, la gran mayoría presentó una excelente evaluación respecto a contenido, planteamiento de problemas, objetivos, y toda la forma del curso, sin embargo, las habilidades de comunicación presentaban aún un área de oportunidad grande que debido a lo mismo, sus presentaciones se hacían tediosas y pesadas.

Las habilidades de comunicación en la capacitación son esenciales y para no variar, en los instructores se ha convertido en su principal talón de Aquiles. Por lo que nos encontramos entrenadores:

  • El murmullos: a este simpático personaje no se le entiende ni una palabra, habla entre dientes y peor aún, el volumen de voz es sumamente bajo. Por lo general la audiencia, por vergüenza a exponer al trainer, prefiere guardar silencio y mejor distraer la mente en otra cosa.
  • El micrófono: por otro lado, tenemos al que siente que se encuentra en un estadio o en un concierto de rock cantando a todo pulmón el hit del momento, levanta tanto la voz que los participantes deciden salir del curso pues empieza a resultar incómodo soportar mucho tiempo continuo del curso.
  • El caracol: leeeeeeeeeento para hablar, leeeeeeeeeento para hilar ideas, leeeeeeeeeento para llevar el desarrollo del curso. El resultado es evidente: los participantes se duermen, cero involucramiento y participación.
  • El cara de piedra: su tono de voz siempre es igual, no demuestra mayor emoción, no contagia, no comunica, no transmite nada, ni siquiera un gesto que indique que hay vida, por ende, los asistentes reaccionan igual, gente dormida, viendo para el techo, haciendo garabatos en los manuales y demás.
  • El nervioso: este personaje es tan ansioso, se mueve y se mueve y se mueve y se mueve, brinca, manotea, abre los ojos ampliamente; da la impresión que se encuentra más en una obra de teatro que en una capacitación formal.
  • El simpatías: nos mata de risa, es ameno, divertido, simpático, tiene «don» de gentes, nos enamoramos de este instructor, el problema es más su show que el contenido del curso. Cuando los participantes salen de ahí se preguntan: -Y ¿qué aprendiste?- R= Nada, pero me divertí muchísimo. Fail!
  • El general: y de pronto nos mandan a un entrenamiento, donde nos ponen enfrente a una persona que más parece el general del 5to regimiento armado que un instructor de capacitación empresarial, nos da miedo hasta exponer nuestras dudas… no vaya a ser nos mande al paredón de fusilamiento.
  • El improvisado: si, siempre encontramos un trainer que es una eminencia en la capacitación del personal, pero es tan mal organizado (o irresponsable) que se detecta a leguas la poca preparación del entrenamiento, se saca dinámicas de la manga y con poca relación con el tema, pierde la hilo del curso o bien, no se le ve ni pies ni cabeza.

Y podemos seguir exponiendo diferentes tipos de instructores que nos han tocado en nuestra vida profesional para bien o para mal. El caso aquí es, como comentábamos en un inicio, la falta de habilidad comunicativa del instructor.

Partamos que la comunicación la englobamos en verbal y no verbal. La verbal va relacionado con las inflexiones de voz, el volumen, la rapidez, la entonación, la fluidez; y la no verbal tiene que ver con las posiciones corporales incluidos los gestos y la vestimenta.

Para todo instructor profesional, la comunicación es el as bajo la manga, el espectáculo que sus participantes están a punto de presenciar depende de entrada del amplio conocimiento del tema, pero para que este sea comprendido plenamente hay que aprender a jugar con la voz y con el carnaval corporal.

¿Cómo mejoramos la comunicación verbal?: Fácil. Hay que aprender a respirar de entrada. Los atletas de alto rendimiento lo saben, para alcanzar las metas y sus objetivos todo inicia en la forma en como respiras. De igual manera para la capacitación, aquel que sabe ejercitar correctamente la respiración puede controlar la voz para imprimir dramatismo, alegría, angustia o incluso temor en las personas.

¿Cómo mejoramos la comunicación no verbal? Entrenándonos. En nuestro «Formación de instructores», enseño de ampliamente como el cuerpo reacciona a distintas situaciones, te ayudo a controlar como te paras, como te sientas, como juegas con las manos, a trabajar y analizar las miradas, los gestos o microgestos, cuestiones que todo instructor de elite debe aprender para controlar a si y analizar las reacciones de sus capacitandos.

¿Es difícil? Para nada, pero es cuestión de hacer músculo como en el gimnasio, primero hay que entender como funciona, como se utiliza, que significa, para de ahí generar los impulsos conscientes y empezar a controlar.

Estoy seguro que esta es la pequeña gran diferencia entre los instructores del montón y esos trainer memorables que desde el saludo, sabes que tu experiencia de capacitación será memorable.

Rock´n roll, people!